Hoy me levanto poco a poco, disfrutando de cada instante del despertar, mientras el dulce tacto de la sábana, de seda de nuez moscada con aroma de vainilla, recorría mi cuerpo incorpóreo modelado por el ámbar marino. Incongruente para ti, simple mortal. Lo sé, pero por eso soy el Amo del Universo, porque puedo crear y modelar la existencia cuando y como se me antoje. Y hoy quiero que sea así. He dicho.
Mi cama de nubes, sobre un cielo azul celestial con centelleantes constelaciones tonales, se desvanece mientras cientos de querubines acuden a mi desvelo para cubrir mi soberbio torso, tan épico como mi ego, con telas de pétalos de rosa que conforman la túnica olímpica. Me siento como soy, una divinidad que está por encima de todo, del bien y del mal, de la existencia y del vacío, de la realidad y de la imaginación.
En este momento de mi haber se me antoja una Cocacola y la invoco con un leve pestañeo, por decir algo, porque no tengo ni pestañas, ni ojos, ni pelo, ni carne. Pero yo anhelo que haga acto de presencia de esta forma. Y como nada ni nadie se opone a mi voluntad, la lata se materializa y hago creer a la existencia que su líquido dulce mana sobre la forma etérea que se me antoja adoptar. ¡Oh! que placer al notar todas sus esencias afinadas. Una fórmula bien equilibrada, perfecta, fruto de un largo proceso de elaboración. Saboreo una y otra vez estas emanaciones armónicas hasta que mi apetito queda ofuscado ante la presencia de otro ser.
Noto la perturbación eones antes de que se materialice. Y he aquí como emerge, mi diosa, mi musa, mi gran inspiración. Belleza incomparable tras milenios de arduo trabajo, desmedida fantasía de mi ser. Y noto que su realidad se fija en mi, y sus deseos recorren mi materia insustancial hasta dar forma en palabras deliciosas…
¿Que haces? ¿Ya estás perdiendo el día? ¿Por qué abusas de nuestra servidumbre? ¿Es que acaso no sabes hacerte la cama? ¿Ya me has traído lo que te pedí? ¿Acaso no puedes estar nunca en casa cuando te necesito? ¿No puedes asearte por una vez? Mírate, das pena. Arreglate de una vez, porque tenemos una cita importante. Mira, no me hagas enfadar, y ponte la corbata azul con cuadros. Venga, date prisa.
Yo, amo del universo, gran creador, hacedor de la existencia, me veo agraviado para toda la eternidad por un simple producto de mi capricho. Encolerizo, y adopto una forma de dolor, sangre y terror. Galaxias enteras sucumben ante mi ira, quintillones de quatrillones de trillones de billones de millones de vidas son asoladas, intentando aplacar mi furia agraviada. Todo esto ocurre en picosegundos, imperceptibles para cualquiera que no sea yo. Ni siquiera ella lo ha notado, así que la miro y le contesto con toda mi magnificencia.
“Si cariño, ahora mismo”