El cuarto jugador

Agosto 15, 2009

Hades contemplaba su mano. Fría,
negra, continua, y de picas. Inmejorable escalera de color, y de su
palo favorito. No había duda, era una clara señal de que no podía
perder.

-Apuesto todas mis almas – Dijo Hades
a sus compañeros de juego

-¿Como? ¿Todas las almas? ¿Quieres
decir todo el Averno?- contestó La Muerte

- Sí, todo el Averno.

- Uff, con lo que me ha costado
llevarte todo ese material. ¿Qué haremos? No se no se…

La Muerte escudriñaba sus cartas. No
eran nada malas: un póquer de ochos, cuatro cartas de igual numero,
ocho serpientes abrazándose. Ahhh la serpiente, su primer trabajo.
No había duda, era una clara señal de que no podía perder.

- Bueno, igualo apostando mi guadaña.

La partida se notaba tensa.

- Jugáis fuerte – dijo Caronte
mientras contemplaba su fortuna.

Caronte, con un full de reyes y damas,
providenció la señal de su mano. Clara simbología que hacía
alegoría que hasta los mas nobles hombres han de acabar pasando por
su trabajo. No había duda, era una clara señal de que no podía
perder.

- Pues no seré menos, ahí va mi
barca.

El cuarto jugador permanecía en
silencio. Seis cuencas negras intentaron escrudiñar la mentalidad
del último jugador, y su respuesta pareció obvia.

- Queridos compañeros, no hay duda,
esta partida es una clara señal de que no puedo perder. – dijo el
cuarto jugador.

- ¿Y que puede un simple humano
ofrecernos para igualar nuestras apuestas? – contestó maliciosamente
Hades.

- Puesto que mi alma no es comparable
con todas las almas, presentes y futuras, que hay en juego creo que
mi única alternativa es recurrir a esto. – Dijo el personaje
mientras dejaba caer un objeto de madera sobre la mesa.

Sorpresa, asombro e incluso se podría
intuir el terror si no fuera por la inexpesividad de los juadores. El
cuarto jugador había puesto sobre la mesa el objeto más preciado.
El cáliz, el cáliz sagrado, el Cáliz de Cristo, sangre de Cristo,
vida de cristo, vida.

Cuatro objetos, cuatro poderes que
otorgarían al ganador el poder de ser el amo y señor de la vida y
la muerte. Crear vida, arebatarla, transportarla y conservarla. Como
se le antojara al ganador. Poder absoluto. Dominio absoluto.

Los cuatro jugadores miraron el
ambicioso botín. Nervios, tensión, y uno a uno fueron mostrando sus
cartas. Primero Caronte, con cierta satisfacción, que pronto se
desvaneció en cuanto La Muerte enseño sus cartas. Y ya tintineaba
su mandíbula de satisfacción cuando Hades mostró su poderosa mano.

- Jajajja, rió con tétrica voz, pero
justo cuando iba a coger la recompensa, el preciado botin, miró
desconfiado al último jugador.

- No has mostrado nada. Enseña tus
cartas.

El cuato jugador miró con una sonrisa
maliciosa a Hades

- Efectivamente, creo que hoy has
ganado, dijo el cuarto jugador, mientras mostraba su triste mano, una
simple pareja de doses

El alivio de Hades se convirtió en una
carcajada perversa

- Jaja, iluso humano, has perdido ¿Qué
pretendías? No sé como lograste ese objeto, pero lo has perdido. Si
alguna vez tuviste oportunidad de aspirar a ser una divinidad, has
malogrado tu ocasión, jaja, ¿qué harás ahora?

-Quien sabe- dijo Greenfield mientras
le dedicaba una mirada a su máquina del tiempo – Quien
sabe.


BUGMAN UNDERGROUND

Agosto 1, 2009

Veintitrés años había estado preparando este momento. Veintitrés años de devoción, sacrificio, abnegación y lágrimas, sobretodo lágrimas. Media vida malgastada en este proyecto, y ahora, por fín, mi gran creación estaba a punto de ver la luz.

Yo, que he padecido la humillación de la humanidad. Que he sufrido la privación de la vida. Que he perdido el respeto y la consideración de toda la sociedad, me he visto apartado del mundo en el que vivo por culpa de una humanidad injusta, totalmente estúpida que no sabe reconocer mi talento.

Cuando todo estaba perdido y el pozo era mi única salida, apareció ella. La única que se apiadó de mi, quien orientó mi mísera existencia y la que me dio una oportunidad. La recuerdo y la añoro, porque es a quien he amado. A la única persona que he amado en todo este mezquino mundo. Y a ella de debo todo. Me instruyó y me enseñó como trabajar, como manipular y como lograr mis sueños. Yo me quedé sólo, y tentación tuve de irme con ella, pero mi agravio me dio fuerzas para seguir adelante y vengarme. Y mi proyecto, nuestro proyecto, prosperó, creció, y tomó forma.

Y ahora aquí estoy, aquí he llegado. Décadas de trabajo de laboratorio para lograr mi gran experimento. Mis insectos, todos mis insectos que se han propagado y crecido llegando a infectar a toda la población de este mundo. Insectos totalmente modigenetizados para obedecer mis ordenes. Listos para atacar, destruir y controlar a la humanidad. A mi antojo.

Por fín saborearía mi venganza. Saldría de estas pútridas paredes y resurgiría en la corteza terrestre. Yo, yo y sólo yo, con el mundo a mis pies. Mis criaturas, mis seres ¡Mis hijos! Me darían lo que siempre he soñado. Poder, poder de control, poder de decisión, poder de destrucción.

Mi máquina estaba lista. Mi trabajo finalizado. Generación tras generación había implantado secuencias génicas en todo tipo de insectos y ahora todos ellos me obedecerían, todos a una, todos conmigo. ¡Sí! sentía el poder y no me abrumaba. Lo deseaba.

Conecté la máquina y di la orden. Este era mi momento. Las luces empezaron a parpadear, las paredes a retumbar, la máquina a chirriar ¡Sí, mi gran momento! Nadie lo iba a parar. Yo, el mismísimo yo iba a ser el gran yo, el único yo. La máquina seguía su curso, su programación lineal que tanto esfuerzo había invertido. Hoy, por fin, iba a ser el gran día.

Los espasmos en la máquina aumentaron, empezaron a salir hilos de humo de algunas juntas, y se desprendieron algunos tornillos por la vibración. Pero todo era normal. El panel, rebosante de luces, era una simfonía de color. Mi júbilo crecía con cada replicar de la máquina. Ya venía, ya llegaba. ¡Ya estaba aquí!

De repente, el silencio, la casi oscuridad. Como con un flagrante sofoco, la máquina se medio apagó. Jaja, el triunfo, la victoria eran mías, ahora los insectos me pertenecían.

La impresora de la máquina empezó a vomitar su informe. Twiiiiiit twi twi tiw twiiiiiiiiiiiiiiiiiiT. Tebloroso, pero muy expectante, recogí el papel. Lo miré con los ojos vidriosos, y se me escapó una lágrima.

“Out of memory”

Mierda. ¡Otra vez no!


Una puta gilipollez

Junio 20, 2009

- Mire señor García, el propósito de todas las pruebas que le hemos realizado ha sido para investigar qué tipo de trastorno clínico le está afectando en su calidad de vida. Las primeras pruebas médicas se centraron en la búsqueda de tóxicos, patógenos o células cancerosas. Por suerte debo comentarle que no hemos encontrado nada destacable en los análisis, así que descartamos su hospitalización, aunque realizaremos otras pruebas para estar seguros.
- Me quita un peso de encima, pero hay algo que no entiendo. Si no han encontrado nada, ¿por qué quiere seguir realizando pruebas?
- A ver, más que nada, por pura rutina. Piense que a su edad, el cáncer de próstata es la enfermedad que más se manifiesta y produce anualmente muchas muertes por no controlarlo.
- Entonces, doctor ¿Qué es lo que me ocurre? ¿Por qué me comporto así?
- Bueno, sin los síntomas biomédicos, consulté con otro especialista y me recomendó seguir la evolución psicológica que sufre su aptitud. Para empezar, focalizamos nuestros esfuerzos en evaluar su vida familiar y laboral y hemos podido observar una grave repercusión en su entorno social que le afecta negativamente. Los resultados han sido bastante satisfactorios. Ha quedado muy claro que usted sufre episodios de manía persecutoria y de depresión. Todos estos síntomas podrían haber sido inducidos por el consumo de drogas, como cocaína, canabis, anfetaminas u opiáceos, pero como he comentado, el análisis biomédico los descarta, así que su patología es simplemente mental.
- Dios mio, esto suena mal, muy mal.
- No, no se asuste. A decir verdad no es tan malo. Estos síntomas que experimenta son bastante frecuentes. A lo largo de nuestra vida, nuestra psique va cambiando y, dependiendo de los factores sociales a los que nos exponemos, podemos caer en una depresión. Por ejemplo, en el caso de un gran estrés laboral y o familiar, que justamente es lo que usted padece.
- ¿Así que es simple estrés?
- Por una parte sí pero por otra no. Lo que ocurre en su caso, es que además sufre un agravamiento psicológico ya que tiene trastornos obsesivos compulsivos. Este comportamiento es derivado de una patología que viene marcada por cambios bruscos de su estado de ánimo, pensamiento y comportamiento. Así que, señor García, quiero decirle que hemos encontrado el causante de sus problemas. Usted sufre un trastorno bipolar.
- ¿Pero cómo? ¡Esto es más grave de lo que creía! ¿Qué me recomienda? ¿Qué he de hacer? ¿Medicamentos?¿Terapia?
- No no, nada de medicación. Hemos evaluado su perfil psicológico y ha resultado que encaja a la perfección como líder de partido. Así pues, lo mejor que puede hacer es dedicarse a la política.


El amo del universo

Junio 1, 2009

Hoy me levanto poco a poco, disfrutando de cada instante del despertar, mientras el dulce tacto de la sábana, de seda de nuez moscada con aroma de vainilla, recorría mi cuerpo incorpóreo modelado por el ámbar marino. Incongruente para ti, simple mortal. Lo sé, pero por eso soy el Amo del Universo, porque puedo crear y modelar la existencia cuando y como se me antoje. Y hoy quiero que sea así. He dicho.

Mi cama de nubes, sobre un cielo azul celestial con centelleantes constelaciones tonales, se desvanece mientras cientos de querubines acuden a mi desvelo para cubrir mi soberbio torso, tan épico como mi ego, con telas de pétalos de rosa que conforman la túnica olímpica. Me siento como soy, una divinidad que está por encima de todo, del bien y del mal, de la existencia y del vacío, de la realidad y de la imaginación.

En este momento de mi haber se me antoja una Cocacola y la invoco con un leve pestañeo, por decir algo, porque no tengo ni pestañas, ni ojos, ni pelo, ni carne. Pero yo anhelo que haga acto de presencia de esta forma. Y como nada ni nadie se opone a mi voluntad, la lata se materializa y hago creer a la existencia que su líquido dulce mana sobre la forma etérea que se me antoja adoptar. ¡Oh! que placer al notar todas sus esencias afinadas. Una fórmula bien equilibrada, perfecta, fruto de un largo proceso de elaboración. Saboreo una y otra vez estas emanaciones armónicas hasta que mi apetito queda ofuscado ante la presencia de otro ser.

Noto la perturbación eones antes de que se materialice. Y he aquí como emerge, mi diosa, mi musa, mi gran inspiración. Belleza incomparable tras milenios de arduo trabajo, desmedida fantasía de mi ser. Y noto que su realidad se fija en mi, y sus deseos recorren mi materia insustancial hasta dar forma en palabras deliciosas…

¿Que haces? ¿Ya estás perdiendo el día? ¿Por qué abusas de nuestra servidumbre? ¿Es que acaso no sabes hacerte la cama? ¿Ya me has traído lo que te pedí? ¿Acaso no puedes estar nunca en casa cuando te necesito? ¿No puedes asearte por una vez? Mírate, das pena. Arreglate de una vez, porque tenemos una cita importante. Mira, no me hagas enfadar, y ponte la corbata azul con cuadros. Venga, date prisa.

Yo, amo del universo, gran creador, hacedor de la existencia, me veo agraviado para toda la eternidad por un simple producto de mi capricho. Encolerizo, y adopto una forma de dolor, sangre y terror. Galaxias enteras sucumben ante mi ira, quintillones de quatrillones de trillones de billones de millones de vidas son asoladas, intentando aplacar mi furia agraviada. Todo esto ocurre en picosegundos, imperceptibles para cualquiera que no sea yo. Ni siquiera ella lo ha notado, así que la miro y le contesto con toda mi magnificencia.

“Si cariño, ahora mismo”


De como Gulliver es acogido en Laputa, y después de su desavenencia con los habitantes, es repudiado.

Mayo 25, 2009

Estando perdido en estas aguas, después de ser expulsado de mi navío por los piratas japoneses, me sentía sólo y afligido. Mas encontré mi libertad en el catalejo de bolsillo, gracias a ser obviado mi registro cuando fui puesto en la canoa de vela. Trepé como pude a lo alto del mástil e hice uso de él, divisando tierra firme que en varias horas alcancé.

Era una isla rocosa no muy próspera, ni muy grande, de la que conseguí abundante cantidad de huevos de sus aves habitantes. Aún así no había más que roca y la desesperación se fue apoderando de mí. Desdichado estaba por lo que iba a ser mi final que malograba los días que pasaban sin ánimo para mi alma. Ya consideraba terminar mi sufrimiento, cuando la tierra se ensombreció.

Cabizbajo estaba en mi delirio mientras avanzaba la mañana, sin nubes ni brisa, cuando noté la falta de luz. Me volví y vi tan majestuosa visión surcar impasible el cielo. Tenía la apariencia de un descomunal elemento sólido, con la parte inferior totalmente plana y destellos luminosos que la recorrían, producto de los reflejos del mar en su superficie. Saqué mi catalejo de bolsillo y pude divisar tan colosal construcción, que para mi sorpresa, rebosaba de gente lanzando cabos con cestas al mar para pescar.

No muy lejos me encontraba, a una milla de distancia, así que me dirigí a tan extraño cuerpo. Pese a su envergadura, mi canoa no pasó desapercibida y causó un gran revuelo entre sus habitantes, que me lanzaron un cabo para trepar.

Cuando logré que me izaran, la gente se agolpó a mi alrededor. Extrañas indumentarias vestían, aunque de fisionomía eran más bien occidentales pese a habitar en aguas orientales. Intenté comunicarme pero fue imposible. Desconocían el francés, el holandés el italiano o el español, pero aún así su lengua me resultaba familiar, por lo que había origen latino.

Cabe destacar, que entre las personas que me rodeaban, existían unas notables figuras ataviadas con exuberantes ropas, muy coloridas: Dichas personas iban acompañadas de unos sirvientes portadores de una vara con una vejiga animal inflada en su extremo. Su función la aprendí más tarde, aunque de momento los llamaré sacudidores, en su terminología Climenoles. Ante mi presencia estos criados iban atizando suavemente los ojos de sus señores, y pronto descubrí que cuando uno de ellos azuzaba en la boca de su señor, éste hablaba.

Tal era su función, estimular los sentidos puesto que, como supe posteriormente, los habitantes de dicho lugar se abstraían con tanta facilidad en sus divagaciones, que requerían de los servicios de estos sirvientes para centrarse.

Ante mi clara confusión por no lograr comunicarme con dichas personas, los pobladores me condujeron hasta un majestuoso edificio donde fui recibido por el Rey de la isla. Después de un largo análisis, por los que considero que eran sus consejeros, dedujeron que no era instruido en su lengua y me acompañaron a unos aposentos.

Desde aquel momento, cada día pasaba conmigo un instructor que me educaba en sus quehaceres y su idioma, que por ser de raíz latina tal como vaticiné, logré dominar en poco tiempo. Así fue como mis conversaciones llegaron a ser más fluidas con el paso de las semanas, y por fin pude mantener prolongadas charlas.

Pasó que en un coloquio con mi mentor, al preguntar por el nombre de su isla flotante, me indicó que se llamaba Lapuda. La terminología latina no la encontré y pregunté su origen del cual me indicó que era puda, al ser éste un término que significa pensamiento, ya que Lapuda es la tierra de los pensadores, y es por ello el hecho de que los nobles de dicha isla requerían de sus sacudidores, ya que sus pensamientos les distraían del mundo real.

Consideré, claramente, que mi interlocutor tenía una mala interpretación en los orígenes, pues no era puda, sino puta la correcta traducción. Pero tan obcecado estaba, que insistió en su pronunciación; Lapuda.

Discrepé de la interpretación pues, sin error por mi parte, se trataba de un vulgarismo distante del latín. Laputa reiteré yo, y mis insistencias pasaron a enojar a mi interlocutor. Su error no podía ser corregido, y no entendían que putus provenía de chico o chica, y puta de conocimiento, y ambos términos se fusionaron con el paso del tiempo a aquel joven que vende su virtud con conocimiento, y es así como el término logró derrumbar sus significados originales, degenerando la expresión en aquel que ejerce la prostitución.

El hecho que dicha gente no hubiera adaptado aún su vocabulario significaba tan solo que sus orígenes provenían de raíces latinas más primitivas de las esperadas. Y absorto estaba yo en estas dilaciones cuando fui violentamente interrumpido y expulsado de la sala. Fui conducido directamente ante la presencia del Rey, donde mi interlocutor paso a eximir las acusaciones que yo vertía sobre su habla. La indignación se apoderó de la corte y el Rey me declaró no grato y se dispuso a arreglar los preparativos para mi expulsión.

Al final de la jornada me encontraba ya en el borde de la isla. Y justamente antes de bajarme con una soga a un atolón, uno de los Climenoles me comentó su asombro hacia mi persona porque no usaba vejiga. Y con mis nuevos conocimientos sobre su idioma me dí cuenta de mi error y lo entendí todo, quizás un poco tarde.

La palabra Climenole retumbaba en mi cerebro, y la terminología del sacudidor adquirió un nuevo y rico significado, Climenole, los sacudidores del clítoris. Y ahí corroboré que mi hipótesis del origen puta era obvia, ratificada por la víscera animal que anidaba en la punta del atizador. Puesto que, la vara que porteaban, no constaba de una vejiga sino de una vagina.

Su función se había degradado de su empleo original. Laputa, país de casta humilde, que honraba a sus ancestros mediante la ofrenda corporal; el contacto con dicho órgano a los sentidos a estimular. Clara alusión al despertar de la vida, a la provocación a la que se ve forzado el recién nacido, hijo ilegítimo de la profesión más veterana del mundo, al salir del útero materno.

Por lo que yo estaba en lo cierto, la tierra que pisaba se denominaba Laputa, y no Lapuda, y sus habitantes eran hijos de las descendientes de dicha ocupación que, sin honra, abandonaron su tierra natal y por vergüenza, olvidaron sus raíces.

No tuve tiempo para explicárselo y no creo que me hubieran prestado atención. Me bajaron al islote y me encomendaron a la gracia de Nethuns.


SPOILER

Mayo 18, 2009

Patty dormía plácidamente. Pero a su lado, lo que había sido su hijo, se retorcía en la tumbona como una serpiente. Un chico de doce años con los cabellos blancos como la nieve y ojos de un amarillo enfermizo. Era un ser más viejo que el tiempo mismo, con el disfraz de un adolescente, que se convulsionaba horriblemente, con muecas de obsceno júbilo. Los auxiliares retrocedieron, aterrorizados por sus carcajadas. Dos o tres huyeron, olvidando todo lo que les habían enseñado para hacer frente a imprevistos.
Las piernas de Ricky, jóvenes y eternas al mismo tiempo, se retorcían sobre la tumbona. Las manos, casi unas garras, se agitaban en el vacío, tratando de asir algo invisible. Inesperadamente, esas garras cayeron sobre el rostro del que había sido un niño y se clavaron en él con saña.
-¡Es mucho más largo de lo que crees, papá! -Mark apenas podía entender sus palabras en medio de aquellas carcajadas espantosas-. ¡Más largo de lo que crees! Contuve la respiración cuando me pusieron la mascarilla. ¡Quería ver! ¡Y he visto! ¡He visto! ¡Es mucho más largo de lo que tú crees!
Entre siniestros alaridos e inhumanas carcajadas, el ser que yacía en la tumbona se arrancó los ojos. La sangre manó a borbotones. La sala de llegada estaba llena de aullidos, como una jaula.
-¡Más largo de lo que tú crees, papá! ¡Lo he visto! ¡Lo he visto! ¡Ha sido un salto eterno, papá, eterno!
Dijo muchas otras cosas antes de que el personal auxiliar finalmente reaccionara y se lo llevara de la sala mientras seguía aullando y clavándose los dedos en las cuencas donde ya no estaban aquellos ojos que habían visto lo invisible de una vez para siempre. Aún aulló muchas otras cosas, pero Mark Oates no las oyó porque sus propios alaridos se lo impidieron.


El Corte Inglés da pena

Marzo 18, 2009

Galerías Preciados daba sus últimos coletazos antes de morir (allá por el 95) cuando me pasé por última vez. La imagen que recuerdo del centro no es muy buena. Los expositores rezumaban una cantidad ingente de género mezclado y desordenados, que concordaban a la perfección con malas caras de los empleados. No era de extrañar pues en dos meses, la empresa era absorbida por El Corte Ingles.

Pues bien, ayer me pasé por un Corte Inglés, y el local me recordaba extrañamente parecido.

La primera mala imagen fueron los suelos plastificados. Suelos que creo que en su vida han visto una renovación. Y lo digo a conciencia, porque las manchas brotan y rebrotan a cada paso del cliente.

Por suerte, algunas Marcas habían tenido el detalle de renovar su espacio y a su personal, eso sí, creando pequeños habitáculos que los aislaban del centro comercial.

No es de extrañar, porque realmente el ambiente no recuerda a un gran centro comercial (¿de prestigio?) sino a un chino, más bien al chino de la esquina, con sus largos pasillos llenos de genero. Y he de decir más; los chinos se muestran mas interesados en vender y son más amables que los empleados del Corte Inglés.

Y es verdad, porque lo que menos me gustó fue el comportamiento de los empleados, que los los vi extrañamente “mayores”.

No me refiero a mayores de edad, sino a mayores de mentalidad. Quizás la media esté en 40 años pero a esa edad no puedes llevar como fachada una cara de cenizo. Diría que su actitud es más propia de un taxista, pero mentiría, porque los taxistas hacen mejor cara, y son muy simpáticos, sobretodo cuando te explican su vida o como ven la situación política, económica o deportiva. Así pues, la comparativa no es buena… A ver con que lo puedo comparar. Sí, más bien se parecerían a un enterrador. Un enterrador de estos que salen en las películas que tienen la mirada ausente y pocas palabras en la boca.

Curiosamente la ropa era acorde con esa mentalidad, porque no resultaba para nada sugerente. Me dio la impresión que era la ropa de mi abuela. Una ropa extrañamente desgastada, fuera del tiempo. Eso si, era limpia, pero por dios, el jersecito era un modelo que llevaba mi abuela. Total, que no los vi descuidados pero si anticuados. Y volvemos a la comparativa con el enterrador, porque el uniforme se convertía, en la mano de los empleados del Corte inglés, en una herramienta de trabajo bastante lúgubre, más propia de una etapa franquista que de nuestro siglo (XXI por si no lo saben).

Además esta el comportamiento con los clientes. Que realmente es “respetuoso” pero no entregado. Venden porque es su trabajo, al igual que los peones de la fabrica ponen las piezas en su sitio. Y como en la fábrica, el encargado de turno pasa cada 20 minutos para darles un poco la bronca. “que Maria no me pones bien el papel” “que si has visto el recibo de la señora noseque” “que donde esta el genero que estoy llamando pero no ha subido”. Frases descuidadas, frases que ignoran la presencia de un cliente y hacen sentirlo incomodo.

Para rematar la faena, está el tema económico. No buscaba precisamente algo barato pero sí que me dejaron estupefacto con los precios. Y no lo digo por decir, porque un producto de una marca, pongamos una camisa, que en la tienda oficial del paseo de gracia costaba de 50 a 100€, en el Corte Ingles costaba de 80 a 120€.

Total, que la marca ha perdido mucho prestigio, quizás El Corte Inglés venda, pero un lavado a conciencia de imagen (y de personal) no iría nada mal. Sobretodo en los tiempos que corren donde todos nos miramos bien el bolsillo.


Jardín Zen…

Diciembre 16, 2008

 Hoy me han regalado un Jardin Zen. Un puto Jardín Zen. Vamos a ver. Estamos en navidad. Dame una pata de jamón, dame un queso, dame un turrón, pero no me deis una mierda de Jardín Zen!

Para empezar, el Jardín Zen es como el torito o la sevillana que ponen los horteras encima de la tele. Ademas, ¿para que cojones quiero yo un jardín Zen?

Lo más impresionante es la presentación. Un cesto con una bolsa de arena, un rastrillo de madera de mierda pegado con cola blanca y cuatro piedras. Señores, que vivo en Barcelona, que si quiero todo esto, me voy a la playa y lo cojo!

Pero no nos hemos de perder las instrucciones ¿Un jodido jardín con instrucciones? Pero si sólo es arena! Mejor dejo de hablar y leo: “Rastrille la superficie del campo para focalizar sus intenciones, su diseño y concentrar su sentido de la creatividad”. Dios, alguien se aburre mucho, y lo mas triste es que saca pasta con esto. Me equivoque de carrera, me equivoque de profesión. “Use el set de Jardin Zen para reforzar su creatividad o úselo simplemente como un juego” Pero pero pero, que son dos piedras y cuatro gramos de arena!!!! como leches vas a hacer algo con esto!!!! no sirve ni para reciclar “Este le hará sentirse calmado y aclarara sus pensamientos” y una mierda. O sea, antes se peinaban las barriguitas y ahora toca peinar un puñado de arna. Ni siquiera sirve para el gato “Este jardín es un instrumento de relajación y meditación” roagj

Ya, ahora me voy a las ramblas, me cmpro un sombrero mexicano y me pone en las instrucciones “El sombrero le ayudara en la meditacion mientras pasea y fortalezerá sus puntos debiles”, que no cojones, que la gente se ríe de ti.

Así que ya sabéis, si queréis hacerme feliz, regaladme comida, o pañales, que no veas como consumo los pañales.

Un saludo


Octubre 14, 2008

-Hola, buenas, ¿es aquí la inquisición?
-Aquí mismo, ¿en que puedo servirle?
-Verá, soy Galileo Galilei y he descubierto que la Tierra gira alrededor del sol y no al revés.
-Pues muy bien. ¿Algo más?
-Hombre, pues… que no somos el centro del universo.
-Ya lo sé, te recuerdo que el egocentrismo es pecado.
-Pero es que igual… somos fruto de las leyes físicas y dios no existe
-Vale.
-Y la virgen María era una buscona, los profetas unos farsantes y San Pedro porculaba a Jesús mientras éste se beneficiaba a Judas.
-Ahora que lo dices, teníamos nuestras sospechas…
-Y Miguel Bosé no es gay.
-¿Qué? ¡Blasfemia! ¡A la hoguera contigo! ¡hoguera y excomunión! Pero antes: ¡Tortura brutal!
-No, no, me retracto, me retracto.
-Pues pa tu casa y no salgas en 20 años.
-Esta bien. Y sin embargo no es gay(lord).

DL


En la bodega del Pequod

Octubre 9, 2008

Saludos nobles tripulantes. O ya no. No creo que seáis tripulantes. Y si lo sois, espero que no cometáis mis mismos errores.

Me llamo Ismael, y actualmente estoy agarrado a una cuba llena de manzanas, intentando describir mis últimos pensamientos. Me aferro al carboncillo para desocupar la mente de la terrible tormenta que azota nuestro barco y sobretodo, para alejar los oscuros pensamientos del monstruo que se avecina.

Esta es la segunda travesía que realizo a bordo de un barco, y la segunda que voy a acabar abrazado al frío tacto del océano.

La primera tuvo lugar con el Abraham Lincoln al mando del almirante Farragut. El buque, un ballenero de gran calado, fue fletado con armamento mas pesado del convencional, pues nuestra intención era cazar al gran monstruo marino que azota los océanos, Moby Dick.

En dicha embarcación se unieron dos de los mayores arponeros de nuestra historia, Ned Land y Queequeg. Hombres fornidos capaces de atravesar a una ballena de un sólo golpe de su arpón.

Estuvimos muchos meses navegando, y por suerte la destreza de estos dos hombres pudo verse compensada al dar cazar a varias ballenas que encontramos en la ruta. Pero nuestro objetivo no lo alcanzamos hasta mucho tiempo después. Y el encuentro fue fatídico.

No se explicar con exactitud que pasó, pero sobrevivimos. El animal, el monstruo, fue inmune a nuestros arponazos, a nuestros disparos e incluso a nuestros cañonazos. Cuando nos atacó, su fuerza nos dejo con la quilla casi partida, y perdimos a varios hombres, entre ellos a nuestro biólogo y a nuestro mejor arponero. Yo, por suerte, sólo besé el océano, pero pude volver a bordo.

Por desgracia, el segundo de a bordo se vio seriamente malherido al perder su pierna. Y las heridas que tan malamente curó en tierra firme hicieron que creciera en él un resentimiento y un odio tan profindo contra aquel engendro, que en cuanto recuperó las fuerzas volvió a la mar.

Faltos de plata, tanto Queequeg como yo nos enrolamos por segunda vez en esta locura sin fondo. Esta vez a manos del segundo, ahora Capitán, Capitán Ahab.

Aunque necesitábamos el dinero, esperábamos que la sed de sangre de nuestro capitan se viera calmada al llenar las bodegas con la carne y el aceite de otras ballenas. Es por ello que anhelábamos con toda la fuerza de nuestro corazón ,que esta pesadilla no se volviera a repetir. Era improbable encontrarnos de nuevo con aquel engendro. Pero tras meses de desesperante navegación, el Capitán dio con él.

Quiso la fortuna que se repitiera la historia, ya el odio le ha dado el valor necesario para llevarnos hasta las fauces del monstruo.

Y ahora… ahora aquí me encuentro, entregando mi vida en la bodega del Pequod, aferrándome a mis últimos alientos de vida mientras oigo los gritos del capitán en la cubierta.

No se donde está Queequeg. Pero sé lo que va a pasar, y deseo que ocurra rápido.